por Rocío L. Conde
CÓMO ELEGIR EL ESCENARIO DE TU NOVELA — Y POR QUÉ IMPORTA MÁS DE LO QUE CREES
Cuando empecé a escribir mi primera novela tenía muy claro el argumento. Sabía qué historia quería contar y quiénes eran mis personajes. Lo que tuve que trabajar más fue el dónde.
Y no lo elegí por capricho ni porque me pareciera bonito. Lo elegí porque el escenario tenía que trabajar para la historia , tenía que justificar a los personajes, explicar sus decisiones y crear tensiones que la ficción pura no podía sostener sola.
EL ESCENARIO NO ES UN DECORADO
Hay una tentación muy común: pensar que el lugar donde transcurre tu novela es simplemente el fondo. Una ciudad con calles bonitas, una época con ropa interesante. Pero un buen escenario hace mucho más, explica a tus personajes, justifica sus decisiones y genera tensiones que tú sola no podrías construir desde cero.
En mi caso, el personaje masculino central es un oficial austriaco, capitán de navío. Desde el principio supe que necesitaba un lugar que lo justificara, su profesión, su mundo, su conflicto moral. Un capitán de navío necesita el mar. Y el mar, para un austriaco, era el Adriático.
POR QUÉ TRIESTE
Trieste llevaba siglos siendo la gran salida al mar del Imperio Austro-Húngaro. En 1918, tras la Primera Guerra Mundial, pasó a ser italiana. Pero seguía siendo austriaca de corazón — llena de aristócratas austriacos, de familias con apellidos centroeuropeos, de una identidad que el cambio de bandera no había borrado del todo.
Para mi personaje esa tensión funcionaba perfectamente. Un oficial austriaco en una ciudad que oficialmente ya no era suya. Trieste no era solo un lugar donde vivir. Era su contradicción hecha ciudad.
Para construirla tuve que documentarme en la Trieste real. Cómo eran los mercados, el ambiente del puerto, las calles, las casas. El escenario no se inventa. Primero lo investigas, luego lo pisas tú.
POR QUÉ VIENA — Y QUÉ AÑOS
La otra parte de la historia transcurre en Viena, desde 1914 hasta los años cuarenta, aunque la relación central entre los protagonistas se sitúa en 1938. Y 1938 en Viena significa una sola cosa: el Anschluss, la anexión de Austria por la Alemania nazi.
Este momento no es solo contexto. Es la bisagra que explica una de las decisiones más importantes del personaje masculino — un juramento que no habría firmado en otro momento ni en otro lugar.
El Anschluss me dio lo que necesitaba: una excusa histórica real y documentada para un acto que de otra manera podría parecer imperdonable. Eso es lo que hace un buen escenario histórico — te regala los grises que tú sola no puedes inventar.
Pero Viena no era solo política. Era una ciudad con barrios, con vida cotidiana, con cafés donde salían los jóvenes, con casas burguesas. Tuve que aprender cómo era un barrio burgués vienés, cómo pensaba y se comportaba una joven de buena familia en aquella época. Hubo momentos en que escribía una escena y me frenaba, esto no lo puede decir ni hacer una señorita en Viena en 1938. Y tenía que volver atrás y adaptarme. El escenario te obliga a ser fiel a su lógica.
LA REGLA DE ORO
No elijas el escenario porque te parece atractivo. Elige el que justifica a tus personajes, que explica sus decisiones, que crea tensiones que la ficción pura no sostiene sola.
Hazte esta pregunta: ¿podría esta historia ocurrir en otro lugar y en otra época? Si la respuesta es sí, quizás todavía no has encontrado tu escenario.
En mi caso la respuesta es no. Esta historia solo puede ocurrir entre Viena y Trieste, con ese Adriático de fondo y ese Anschluss como detonante.
Eso fue la señal de que había elegido bien.
POR QUÉ ELEGÍ EL CONTEXTO HISTÓRICO QUE ELEGÍ — Y EL ERROR QUE CASI ME ARRUINA LA NOVELA
Cuando tienes un personaje con un dilema moral gordo, y el mío lo tenía, necesitas que la historia te ayude. No puedes inventarte esa presión desde cero. Tienes que encontrar el momento histórico que ya la lleva dentro.
Para mí ese momento fue el Anschluss.
POR QUÉ EL ANSCHLUSS ERA PERFECTO
Mi personaje masculino es un oficial austriaco. Un hombre de orden, de disciplina, de una familia con apellido y con historia. Un hombre que en otro contexto jamás habría jurado lealtad a Hitler.
Pero en 1938, en Austria, ese juramento no era opcional. Se juraba directamente al Führer, no al ejército, no al estado, a Hitler en persona. Negarse tenía consecuencias devastadoras. Pérdida del cargo, de la familia, en muchos casos de la vida.
Uno de los retos más difíciles fue escribir un personaje que hizo algo moralmente comprometido sin convertirlo en un villano ni en una víctima. Ese equilibrio solo lo da el contexto histórico. Sin el Anschluss, Giorg no funciona. Con él, el lector entiende sin que yo tenga que explicar.Eso me daba lo que necesitaba: un hombre que hizo algo que no eligió y tuvo que cargarlo solo. Eso no lo puedes inventar, te lo regala la historia.
POR QUÉ TRIESTE SEGUÍA SIENDO PERFECTA
Trieste es, en cierto modo, un perdedor fascinante de la historia. Pasó de ser el gran puerto del Imperio Austro-Húngaro a ser italiana, luego ocupada por los alemanes, luego dividida entre una zona aliada y una zona comunista. Una ciudad que nunca terminó de saber del todo quién era.
Para un oficial austriaco marino eso era perfecto. Un hombre que necesitaba estar cerca del mar, y la costa italiana del Adriático, que además conozco bastante bien, le daba exactamente eso. El escenario y el personaje se necesitaban.
CÓMO ME DOCUMENTÉ
Podcasts de historia, documentales, archivos en internet. Horas y horas. Y fue un trabajo precioso, de esos que empiezas pensando que es obligación y acabas sin poder parar.
Pero también me dio algún susto.
LA ANÉCDOTA QUE CASI ME ARRUINA LA NOVELA
Casi al final de escribir la novela, viendo un documental sobre la marina de guerra, me di cuenta de algo que me hizo tambalear.
El grado de coronel no existe en la marina.
Había escrito toda la novela con mi personaje siendo coronel. Y resulta que en la marina ese grado no existe. El equivalente es capitán de navío.
Lo que vino después no fue simplemente cambiar una palabra en cada página. Los cargos cambiaban. Los uniformes cambiaban. Cómo se dirigía a él un italiano no era lo mismo que cómo lo hacía un austriaco o un alemán. Todo tenía su protocolo, su forma, su historia.
Me vi documentándome sobre uniformes navales durante días. Cosas que jamás pensé que sabría y que ahora son documentales que me encantan.
Pero eso es escribir novela histórica. En algún momento siempre aparece ese detalle que lo cambia todo. Y más vale que lo encuentres tú antes de publicar que un lector después.
LO QUE APRENDÍ
El contexto histórico no es el fondo de tu novela. Es lo que hace que todo lo demás se sostenga. Y documéntate hasta el final. Porque los lectores de novela histórica saben. Y si no saben, buscan.
UN EQUILIBRIO DIFÍCIL — Y CÓMO LO RESOLVÍ
Con todo este trabajo de documentación existe un riesgo real: que te pierdas en la historia y te olvides de que estás escribiendo una novela romántica.
Yo lo tuve claro desde el principio. No quería escribir un ensayo histórico ni una novela de guerra. Quería escribir una historia de amor. El contexto histórico estaba ahí para sostener a los personajes, no para robarles el protagonismo.
La decisión que más me ayudó fue contar la historia desde la perspectiva de una adolescente.
Porque una chica de diecisiete o dieciocho años en Viena en esa época no piensa en términos políticos. No analiza el Anschluss. Lo vive como algo que de repente cambia el ambiente, que hace que su padre hable más bajo en casa, que los uniformes aparezcan en las calles, que ciertas conversaciones desaparezcan de los cafés.
Esa perspectiva me permitió estar dentro de la época sin ahogarme en ella. Si me hubiera metido de lleno en la política, las revueltas, los tratados — la novela romántica habría desaparecido debajo del peso de la historia.
El truco no es ignorar el contexto. Es elegir quién lo mira.
CÓMO CONSTRUÍ A MIS PERSONAJES — Y POR QUÉ LOS MEJORES ESTÁN MÁS CERCA DE LO QUE CREES
La elección de los personajes fue lo que menos me costó. Desde el principio los tenía muy claros. Y tiene sentido, porque no los inventé del todo. Los encontré.
EL PROTAGONISTA — EL ORDEN
Giorg representa el orden. Un hombre de disciplina, de silencios largos, de esa complejidad que no te la enseña de golpe sino que la vas descubriendo poco a poco, en los gestos pequeños, en lo que no dice, en la puerta que deja entornada.
Para construirlo me inspiré en personajes del cine y la literatura que siempre me han enganchado. Ese tipo de hombre que por fuera parece una roca y por dentro carga con mucho más de lo que deja ver. Me encantan esos personajes. Siempre me han atrapado.
Pero la verdad es que no tuve que buscar muy lejos. Mi marido es ingeniero, como Giorg. Tiene esa misma mezcla de orden y ternura escondida, esa forma de estar sin hacer ruido, de callarse justo cuando otros hablarían. Sin saberlo me fue dando muchísimo material, reacciones, silencios, gestos que fui robando sin que se diera cuenta y convirtiendo en ficción.
Y me dio algo más que no tiene precio: la posibilidad de coger momentos reales de nuestra historia y meterlos en la novela. Cambiados, disfrazados, mezclados con lo inventado, pero reales en el fondo.
Cuando tienes un modelo así en casa, los personajes no se construyen. Se reconocen.
LA PROTAGONISTA — EL CAOS
Anna soy yo. No en los detalles biográficos, pero sí en todo lo demás. Piensa como yo, reacciona como yo, se enfada como yo. Eso hizo que escribirla fuera muy natural, y también, a veces, incómodo. Porque cuando tu personaje eres tú, no puedes esconderte detrás de la ficción.
Giorg y Anna son el orden y el caos. Una relación de opuestos que se reconocen, eso es exactamente lo que quería explorar. Cómo funciona una relación así, qué la sostiene, qué la rompe, qué hace que dos personas tan distintas se elijan.
Lo tenía fácil porque lo vivo.
CÓMO CONSTRUIR UN PERSONAJE DE VERDAD
Antes de escribir una sola escena, para cada personaje me hice las mismas preguntas:
¿Cómo ama? ¿Cómo se enfada? ¿Cómo sufre, y cómo lo esconde? ¿Cómo se relaciona con los demás? ¿Qué pasado arrastra? ¿Qué tiene miedo de perder?
No hace falta que todas estas respuestas aparezcan en el libro. Pero si tú no las sabes, el personaje se nota hueco. El lector lo siente aunque no sepa explicar por qué.
LOS PERSONAJES SECUNDARIOS
Anna tiene una amiga, María. Tampoco la inventé del todo. Me inspiré en una amiga real. María es el colchón de Anna, su espalda, la que le dice lo que no quiere escuchar con una sonrisa. Cada protagonista necesita ese personaje cerca.
Los padres de Giorg me los dio la literatura y el cine, hay mucho material sobre familias aristocráticas que viven para las apariencias.
La familia de Anna es otra cosa. Mi padre tiene algo del doctor Johannes, no todo, pero algo. Y la historia de Elena, la madre de Anna, tiene raíces reales en la historia de mi abuela y mi bisabuela por parte materna. Cosas verdaderas mezcladas con cosas inventadas, como pasa cuando la ficción y la memoria se rozan.
Y luego está Perry, el perro. Hasta él tiene su propia personalidad, porque Perry existe en la vida real, y la relación que tiene con Giorg en la novela es exactamente la misma que tiene con mi marido. Los animales no mienten. Y un personaje que un perro quiere de esa manera no puede ser del todo malo.
LO QUE APRENDÍ
No tienes que inventar a tus personajes desde cero. Tienes que encontrarlos. En la gente que conoces, en lo que has vivido, en los personajes que te han marcado como lectora o espectadora.
LA CONTINUIDAD — EL ERROR QUE LOS LECTORES NO PERDONAN
Hay un tipo de error que no tiene que ver con la escritura sino con la memoria. Metes un detalle en un capítulo avanzado y tres capítulos antes habías dicho exactamente lo contrario. O un personaje sabe algo que todavía no le has contado.
Los lectores de novela histórica y romántica son muy atentos. Lo encuentran. Y lo anotan en las reseñas.
A mí me pasó en la continuación de la novela. Había introducido al principio un ayudante de Giorg, un personaje secundario que aparecía con frecuencia en casa, que Anna conocía bien. Cuando llegué a una escena clave donde ese personaje volvía a aparecer, escribí la reacción de Anna como si no lo conociera de nada.
No me di cuenta en el momento. Seguí escribiendo. Y cuando lo releí: pero si Anna lo conoce perfectamente, ha estado en su casa decenas de veces.
Tuve que cambiar muchas cosas. No solo esa escena, todo lo que venía después.
Un documento de seguimiento de personajes me habría ahorrado horas. Puede ser tan simple como una hoja donde apuntas qué sabe cada personaje en cada momento, dónde está, qué ha pasado ya.
EL ARGUMENTO — POR QUÉ LOS PERSONAJES SABEN MÁS QUE TÚ
Cuando empecé a escribir tenía el argumento muy claro. Tan claro que lo resumí en un párrafo. Ese párrafo formaba parte de un documento de casi noventa páginas, el esqueleto completo de la novela, con el contexto, los personajes, los capítulos. Todo planificado.
Y aun así, la novela que escribí no es exactamente la que había planificado.
EL PÁRRAFO DEL ARGUMENTO
Mi consejo es este: antes de escribir una sola página, escribe un párrafo. Solo uno. Que resuma de qué va tu historia, quién es el protagonista, qué quiere, qué se lo impide y qué está en juego.
No tiene que ser perfecto ni definitivo. Pero tiene que existir. Ese párrafo es tu brújula, cuando te pierdas en la escritura, y te perderás, vuelves a él y recuerdas adónde ibas.
LO QUE NO PUEDES CONTROLAR
Los personajes tienen vida propia. Llegas a una escena con una idea clara de lo que va a pasar y el personaje hace otra cosa. Y a veces esa otra cosa es mejor que lo que habías planeado.
Aprender a seguirlos sin perder el hilo del argumento es uno de los equilibrios más difíciles y más bonitos de escribir ficción.
LAS IDEAS QUE LLEGAN SOLAS
Terminas una escena, estás en la ducha, ves un documental, lees algo en un libro, y aparece una idea. Esto encajaría perfectamente aquí.
Anótalo. Guárdalo. Luego decide con calma si encaja con lo que ya tienes o si te desvía.
Un argumento sólido no te ata. Te da suelo firme para improvisar.
EL RITMO — ALGO QUE NO TENÍA PLANEADO
Una de las cosas que aprendí escribiendo tiene que ver con el ritmo.
Después de una escena muy intensa, el lector necesita respirar. Yo no lo sabía cuando empecé. Lo fui descubriendo leyendo, escuchando podcasts, blogs de escritura.
Después de un momento de mucha tensión entre Anna y Giorg, me di cuenta de que necesitaba algo que bajara la temperatura. Y apareció una escena muy tierna de Giorg, no la tenía planeada para nada, no estaba en el esqueleto. Pero era exactamente lo que la novela necesitaba en ese momento.
Dejar respirar al lector no es debilitar la historia. Es darle espacio para sentirla.
Y a veces las mejores escenas son las que no planeaste.
CÓMO DESARROLLÉ LOS CAPÍTULOS — POR QUÉ NO PLANIFIQUÉ LOS TREINTA DE GOLPE
Hay escritores que antes de empezar tienen toda la novela capítulo por capítulo. Yo no soy así. Y creo que para una primera novela intentar hacerlo así puede ser más un obstáculo que una ayuda.
Mi sistema fue distinto. Iba de cinco en cinco.
POR QUÉ BLOQUES DE CINCO
Planificar treinta capítulos de golpe cuando todavía no sabes cómo va a evolucionar la historia no tiene mucho sentido. Los personajes te llevarán a sitios que no habías previsto. Si tienes todo rígidamente fijado desde el principio, o te bloqueas o acabas forzando la historia para que encaje con el plan.
Yo planificaba cinco capítulos. Los escribía. Y cuando terminaba esos cinco, planificaba los siguientes con lo que ya sabía — con cómo habían evolucionado los personajes, con lo que había aparecido por el camino.
Es más flexible. Y para una primera novela, la flexibilidad vale más que el control.
CÓMO DESCRIBÍA CADA CAPÍTULO
Para cada bloque de cinco hacía primero una descripción general, qué tenía que pasar, adónde tenía que llegar la historia al final de esos cinco capítulos.
Luego, para cada capítulo individual, lo dividía en tres o cuatro partes. Qué pasaba al principio, qué en el medio, qué al final. Qué tono tenía. Qué personajes aparecían.
Cuando me sentaba a escribir no tenía la página en blanco delante, tenía un mapa pequeño y claro. Y eso cambia completamente la experiencia de escribir.
LO QUE APRENDÍ
No necesitas tenerlo todo planificado antes de empezar. Necesitas tener suficiente para avanzar sin perderte.
Cinco capítulos es suficiente. Un párrafo por capítulo dividido en tres partes es suficiente. El resto lo va construyendo la historia sola.
UNA COSA MÁS — EL FINAL QUE NO PUDE ESCRIBIR
Me enamoré tanto de esta historia que fui incapaz de cerrarla.
No es una excusa. Es literal. Llegué al final y no fui capaz de despedirme de Anna y de Giorg. Así que dejé el final abierto. Y de ese final abierto salieron una segunda parte, una tercera y una cuarta.
A veces no terminas una novela. Simplemente dejas de poder cerrarla.
CUANDO LOS PERSONAJES SE MUDAN A VIVIR CONTIGO
Hay algo de lo que no se habla mucho pero que le pasa a muchísimos escritores. Te metes tanto en la piel de tus personajes que empiezan a vivir dentro de ti.
Sales a la calle y piensas en Giorg. Llegas a casa y por un momento sientes que debería estar ahí. Los personajes dejan de ser ficción.
No sé si eso es malo o bueno. Yo creo que es una señal de que has construido algo que funciona, tan real que tú misma te lo crees.
He leído que le pasa a muchos escritores. Que los personajes se instalan y no se van del todo ni cuando cierras el documento.
No sé si tiene remedio. Tampoco estoy segura de querer que lo tenga.
Otra cosa que me ayudó muchísimo y que no veo mencionar casi nunca: la playlist.
Tenía una playlist específica para escribir esta novela. Siempre la misma. Banda sonora de película, música de época, algo que me metiera directamente en los años cuarenta. Cada vez que la ponía el cerebro entendía que era hora de ir a Trieste.
No sé si funciona para todo el mundo. Para mí fue casi un ritual.
¿Y tú? ¿Tus personajes también se han mudado a tu casa? Cuéntamelo en los comentarios.
Añadir comentario
Comentarios