Anna es la voz de un relato literario ambientado entre Viena y Trieste durante la Segunda Guerra Mundial. A través de su diario, esta historia explora la memoria, el conflicto, el deber y la vida interior de una mujer marcada por su época.
Me llamo Anna.
Hija ruidosa de un médico respetable y de una mujer que me enseñó a cuidar mi silencio. Crecí en Viena, entre las estanterías llenas de libros de historia de mi padre y la mirada contenida de mi madre. Dos formas distintas de llevar el peso del mundo. Ninguna completamente mía.
Ahora vivo en Trieste. Invierno de 1943. Me llaman la señora del capitàn de navio, y he aprendido a medir cada frase que digo.
Antes de eso fui otras cosas. La hija del doctor. La chica de la risa demasiado alta. La que se sentaba en el suelo del salón a escuchar a Beethoven con su padre. La del vestido azul junto a la ventana.
Crecí entendiendo el deber mejor que la rebeldía, aunque la rebeldía siempre estuvo ahí, callada, esperando su momento. Mi padre me decía compórtate, Anna. Yo asentía. Por dentro se encendía algo.
Escribo porque necesito que estas palabras existan en algún sitio. Porque Trieste tiene este invierno frío de ese que se mete por las ventanas aunque estén cerradas, y al otro lado del pasillo Giorg dobla sus informes y yo tengo cosas que no le puedo decir a nadie más.
Este es mi diario. No es una historia ordenada. Es lo que quedó.
— Anna Trieste, 1943
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